¿ESTOY ESTRESADO? TU CUERPO RESPONDE




Desde los orígenes del concepto estrés hasta la actualidad, este término ha ido tomando mayor importancia. La población actual identifica de forma correcta el estrés como un estado de gran tensión en respuesta a las demandas del entorno que sean percibidas y sentidas como muy difíciles de afrontar (estresores). Es así que, expresiones como “estoy estresado” son muy cotidianas. Sin embargo, la gran mayoría de las personas no es consciente de las consecuencias negativas que podrían generarse; así como de los medios adecuados para lidiar con los estresores.


Es importante saber que una persona puede experimentar diferentes niveles de estrés. No es lo mismo sentir estrés por ir al hospital y ponerse una inyección e ir al hospital a hacerse una prueba de Elisa. En este sentido, nuestro organismo puede presentar diferentes respuestas fisiológicas frente al estrés. En niveles bajos de estrés, se pueden presentar dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, cansancio, insomnio, mayor o menor apetito a lo usual, sudoración, mayor tensión arterial, irritabilidad o cambios de humor, hormigueos o ardor en diferentes partes de la piel, etc. En casos de estrés más grave, hay un aumento de peso considerable, complicaciones cardiacas, caída del pelo, decoloración de las uñas, nauseas, vómitos, vértigos, fatiga,  insomnio, manchas en la piel, etc. Asi mismo, el estrés produce inmunosupresión, es decir, nuestro sistema inmunológico deja de funcionar óptimamente; por ello, cuando las personas atraviesan episodios de estrés, tienen mayor vulnerabilidad a contraer alguna enfermedad.

Como se mencionó anteriormente, y sin diferenciar el grado en que pueda experimentarse el estrés; la mayoría de las personas que lo padecen no cuentan con el conocimiento sobre cuáles son los medios más adecuados que disminuyan los índices de estrés, y por lo tanto,  los síntomas que se generan en el organismo. En este sentido, es común el recurrir a actividades como navegar en Internet, tomar bebidas alcohólicas, fumar, etc., que además de ser en su mayoría dañinas, solo sirven como paliativos al estrés, y en algunos casos, incrementan el estrés. De este modo, existen técnicas específicamente diseñadas para el manejo del estrés como las técnicas de relajación, meditación y visualización, que además de ser más efectivas, son herramientas que pueden ser utilizadas en cualquier momento que se crea necesario.

Con ello, se cree de suma importancia el aprendizaje de cada una de estas técnicas que pueden ser mejor instruidas por un especialista, a fin de evitar el desarrollo de posibles enfermedades médicas crónicas así como un grado importante de disfuncionalidad en el ámbito laboral, educativo e incluso familiar.

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